libia

Guerra de Libia: guerra por el control de África

«Un corresponsal de la paz»,  así  ha querido describirme un amigo periodista (¡gracias Octavio!) después del pase de una película sobre Libia que he tenido el placer de dirigir. Este compromiso con la paz acaba llevándome siempre a lugares asolados por las guerras.

 Así es  que cuando me han propuesto ir a Camerun (África), desde donde escribo, para trabajar sobre los derechos de las poblaciones pigmeas en lo profundo de la selva, me ha parecido un merecido descanso de las armas, los bombardeos, la violencia.

La realidad que he encontrado no es tan esperanzadora: una selva saqueada por las multinacionales, violada por cazadores  furtivos, recorrida por una humanidad  nómada en busca de fortuna, donde aparecen y desaparecen minas de metales preciosos y se trafica sin descanso con todo… ¡al final casi más de lo mismo !

No se puede huir del propio destino, así que pronto me he encontrado hablando de Libia, y me he enterado del rechazo generalizado a la intervención de la OTAN y sus aliados árabes (Qatar, Arabia Saudi y otros) también en esta tierra africana, donde se ha vivido el ataque a Libia como un ataque a África, si no una guerra contra África.

Esta percepción me ha hecho reflexionar sobre las causas y efectos del conflicto en cuestión, múltiples y complejas, también,  porque la complejidad y multiplicidad son características de la globalización contemporánea que tiende a esconder y diluir responsabilidad y análisis, algo que desde nuestra plataforma, Ojos para la paz, queremos evitar y denunciar.

Quizás en este rechazo popular tan extendido influyan también chovinismo  y nacionalismo, quizás la subida de precios en las omnipresentes gasolineras Oil Libia, ahora progressivamente suplantadas en numero por la Total (francesa) que sufría un retraso en el mercado Africano.

Este retraso y la, llamémosle así, « apertura del mercado africano », es sin duda una de la claves de este conflicto.

Cuando hablamos de apertura de mercado tenemos que pensar en esta operación no solo en el sentido clásico de comercio, operaciones bursátiles y monetarias, sino como operación coherente con los medios empleados para llevarla a cabo: en este caso la guerra y la violencia. Las características de esta apertura giran alrededor de las armas, la imposición y el expolio.

Apertura de mercado es también apertura de un teatro de operaciones humanitarias y militares. De ONGs y agencias transnacionales que pacifican y estabilizan lo que el aparato militar destruye y desestabiliza. Teatro de choque y competición entre las potencias económicas y las multinacionales, particularmente agresivas en esta fase de crisis económica. Cobra así sentido la creación  del comando militar unificado para África (AFRICOM), creado por los EEUU en plena época Bush y política de guerra preventiva, también como respuesta a la hegemonía europea en el continente africano, según la antigua partición en esferas de influencia post-colonial, y a la creciente presencia económica de China. En pocos años desde su entrada en funcionamiento en el 2008, este comando ha ya empezado a cambiar la cara del continente con operaciones cuidadosamente planeadas.

Desde la intervención en Libia el continente africano no deja de ser de actualidad en los noticiarios (el mercado de los media) y siempre por los conflictos o golpes de estado generados o por lo menos reforzados  también por esta intervención. La primera  área afectada es el Sahel, franja estratégica donde han revertido parte de las armas y dinero in-vertidos en Libia.

Uno de los efecto del conflicto ha sido el reforzamiento de los movimientos fundamentalistas islámicos en el área, sobre todos los relacionados con Al Qaeda (AQMI : Al Qaeda al Magreb Islámico), que ha participado activamente en todos los conflictos de la llamada «primavera árabe » para intentar encaminarla hacia su objetivo: la instauración de estados islámicos y del califato mundial. A mayor nivel de violencia y conflicto, mayor participación y éxito de estos grupos, como en Libia, y hoy en día en Siria.
Desde esta perspectiva desestabilizante, que abre mercados desestabilizados, mas facilmente saqueables, y que en perspectiva generan el negocio de la estabilización y reconstrucción, aparecen noticias del golpe de estado en Costa de Marfil y de Guinea Conakry, la rebelión Touareg en Mali, el golpe blanco en Senegal (donde se ha impuesto el presidente mas afín a los intereses franceses y otros países occidentales, invocando fraudes electorales con un proceso menos democrático que los supuestos fraudes), el conflicto Sudan-Sudan del Sur (por el control de las zonas petrolífera) y la intervención en Somalia, con toda probabilidad la próxima operación militar (dependiendo de los próximo ganadores de las elecciones en Francia y EEUU), para controlar un territorio asomado entre África y la Península Arábiga, y aún poco explorado a nivel petrolífero, bajo el «pretexto » de los piratas o de la presencia de Al Shabab (de nuevo vinculada a Al Qaeda). 

Teniendo presente que la estrategia de las intervenciones occidentales ha evolucionado,  después de la guerra en  Irak, delegando las operaciones de tierra a tercera fuerzas que vienen armadas y financiada, como los “rebeldes” de Libia o Siria, o ejercitos aliados cuyas bajas no contabilizan en los medios, podemos afirmar que en una forma de baja intensidad ya ha empezado esta operación con las incursiones de los ejercitos de Kenia y Eritrea en tierra somalí.

África se ha convertido así en teatro de choque de las potencias que compiten económicamente y militarmente, mientras China triunfa en lo primero, Europa y USA responden con sus ejercitos. Francia, por sus intereses e historia en el continente y en las zonas francófonas especialmente,  guia este proyecto, no sin contradicciones y diferencias entre aliados.

África está experimentando un crecimiento económico comparable solo con China, que convierte al continente en objetivo preferencial de las inversiones (e invasiones) capitalistas. Hablamos de una media continental  entre el 6 y 11% de crecimiento, con una sola excepción, la zona francófona y que utiliza una moneda única, el franco CFA, ex franco de la colonias francesas, donde el crecimiento ronda medias mas cercanas a las europeas.

La clave de esta anomalía es de nuevo Francia y su política monetaria que en este caso podemos definir neo o post colonial.

La zona franco en África (hay algún país que utiliza esta moneda también en el Pacífico), es un espacio monetario y económico  que comprende dos áreas : la del UEMOA, zona franco de África occidental, (Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Mali, Niger, Senegal y Togo) y la del CEMAC, de África central (Camerun, Republica Centro-africana, Congo, Gabon, Guinea Ecuatorial y Tchad), por un total de 14 países. Las dos zonas son independientes, tienen bancos distintos y no intercambian moneda, pero las condiciones y los acuerdos que vinculan a los dos bancos centrales africanos con las autoridades francesas son idénticos : un tipo de cambio fijo frente al franco francés (ahora el euro), plena convertibilidad de sus monedas en euros garantizada por el Tesoro francés, fondo común de reservas de moneda extranjera en el que participan todos los países de la CFA (al menos el 65% de las posiciones en reservas depositadas en el Tesoro francés, donde se les concede una garantía de tipos de cambio) y la participacion de las autoridades francesas en la definición de la política monetaria en la zona CFA.

El Franco CFA es entonces una moneda a cambio fijo, decidido por el banco de Francia, (anteriormente frente al franco francés ahora frente al euro), que no puede oscilar libremente en el mercado, impidiéndole así reflejar el valor real y el crecimiento de los países que la utilizan. La garantía y control del CFA dependen aun del banco central francés, que impide a estos países controlarlo libremente, y que las maneja de manera autoritaria y opaca. Las cuentas donde los países del CFA depositan sus reservas son controlada por París y ni los gobierno africanos tienen libre acceso a ellas. La conversión al euro favorece además todas las empresas francesas que trabajan en el área y que pueden exportar y importar moneda a sus anchas gracias a la correspondencia con el euro en el banco de Francia. Pero quizás lo mas importante es que este cambio fijo sobrevalorado tiene pésimarepercusión en la exportaciones de los países CFA y para la gente de la calle se concreta en inflación, precios continuamente al alza, y escaso poder de compra en relación a los sueldos, pues produce pobreza. Si es verdad que en otros tiempos, hasta los 80, esta situación ha dado estabilidad monetaria al área, véase el caso de la salida y vuelta al franco CFA de Mali en 85 por problemas relacionados con la inflación, hoy en día esta política parece un rastro colonial sin justificación alguna. Para profundizar en este tema aconsejamos leer los escritos (algunos disponibles in internet) del economista e intelectual Nicolas Agbohou, o del ex ministro de economia de Mamadou Koulibaly, ambos de Costa de Marfil, un país que continua pagando altos intereses a Francia.

Ya hemos hablado otras veces del proyecto de creación de una moneda única africana fuertemente impulsado por Gadafi, africanista y anticolonialista convencido, y de un nuevo banco Africano, cuyas sedes principales habrían estado en Trípoli (Libia), Nigeria y Gabón, este último del área Cefa. Esta hipótesis  ponía en entredicho el dominio del dólar USA y del Euro en el continente, pero habrían significado una verdadera debacle en la política monetaria francesa y para sus intereses económicos en el área.
La defensa de estos intereses neocoloniales y de la hegemonía francesa son otras de las causas de la guerra del gobierno Sarkozy contra Libia. Causas todas que, desde Ojos para la Paz, continuaremos analizando, con el objetivo final de denunciar las agresiones y las guerras que se orquesten en cualquier punto del planeta. Porque creemos que un mundo mejor es posible.

Flavio Signore

Ojos para la Paz

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*